Bullah Ki Jaana (No sé quién soy)

Apenas eran las doce de la noche y los Hip Pockets de Someplace Else ya habían tocado Black Dog de Led Zeppelin. El eufórico público pedía más, pero el repertorio se estaba acabando y todavía quedaba noche por delante. Un Wish You Were Here de Pink Floyd nos habría mandado a casa melancólicos, lo cual no comulgaba con el instinto animal que reinaba en el local. Preparados para cualquier disturbio, sólo una buena dosis de rock and roll nos podría mantener bajo control, por irónico que esto parezca.

Entonces llegó el grito de guerra. Alguien entre la multitud pronunció el nombre de un Guru de la música Punjabi, uno de los embajadores del Sufi-rock, el gran Rabbi Sherguill. Había llegado hasta allí de la manera menos babilónica posible – por la puerta, como el resto de los mortales. Aquél hombre no había caído del cielo, en cuyo caso habríamos notado su presencia mucho antes. No, aquél tipo podría llevar horas allí, sin ser reconocido, a pesar de que su enorme turbante en pocos lugares podría pasar desapercibido. Pudo ser el rock melódico de los primeros momentos del concierto, los cautivadores punteos del guitarra, los solos de percusión o las copas de más, pero el caso es que nadie supo hasta entonces que Rabbi estaba en Calcutta.

El vocalista a invitó a Rabbi al escenario, que no dudó ni un segundo. Como cualquier buen músico consciente de que su talento es un regalo de Dios y no le pertenece a él, sino a toda la humanidad, Rabbi no se hizo de rogar. Subió entre las ovaciones del público, que no era mayor que el de cualquier otro viernes, es decir, unas cincuenta personas. Ni siquiera habló con los músicos, estaba claro lo que iba a tocar. O por lo menos los Hip Pockets se lo imaginaron. Agarró la primera guitarra que pudo, se acercó al micrófono y esta vez al ritmo del rock and roll entonó…

Tere Bin – Escuchar canción

El público empujaba, saltaba, cantaba con él. Rabbi sabía moverse por el diminuto escenario de Someplace Else como si del de Red Rocks se tratase. Cuando terminó y bajó del escenario, los Hip Pockets empezaron a recoger sus cosas. Ya no esperábamos nada de ellos. Ya si eso volveríamos la próxima semana.

Abracé a Rabbi, me saqué una foto con él, busqué a mis amigos y nos fuimos de allí. En el trayecto de vuelta apenas comentamos nada. Llegamos a la universidad y subí directo al cuarto piso, que es lo que normalmente hago cuando vuelvo por la noche.

“Allí estaban los que, una noche más, habían decidido quedarse en la residencia, pudriéndose con las paredes en una sofocante nube de calor y humedad, bebiendo Kingfisher y fumando hierba. Esta vez se arrepintieron de no haber salido del campus en dos semanas.”

Bulla Ki Jaana – Otro temita de Rabbi

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