El dinero

El dinero. Ese sucio invento. No vale nada, pero es capaz de comprarlo todo. Incluso la voluntad de las personas. El dinero es un burdel lleno de desgracias, un mercadillo de desdichas y malas gentes. Pero también es una torre de oro, el sufrido éxito y el buen vivir. Para el que lo quiera.

Cal Newport lo define como un “indicador de valor neutro”.

En el flamenco, muchos palos y artistas han hablado sobre él. Curiosamente, la infame bolsa de cobre siempre suena como quejío, las monedas salen del corazón como letras envenenadas. Miguel Flores “el Capullo de Jerez” canta al dinero por fandangos, con aquello de “la mentira y el dinero viven en palacio de lujo/ Ay sin embargo la verdad se muere en un cuarto muy oscuro y nadie la quiere escuchar”. Existe también una versión de Paco Toronjo. Si Alosno fue la cuna del fandango, Toronjo fue su mecedora. De todo su legado me quedo con su oda al dinero – “su destino yo he visto a un rico llorar y maldecir su destino/ y he visto a un pobre cantar por una copa de vino y una guitarra templá/ libertad hay quien compra con dinero el lujo y la libertad/ pero un amor verdadero nadie lo puede comprar/ aunque le sobre el dinero”.

Enrique Morente trajo al flamenco los poemas de Federico García Lorca (en quien Leonard Cohen encontró su voz). Y lo hizo con Omega, aquél álbum tan esperado como inesperado, que le mereció numerosas críticas por parte de los más puristas. Apreciaciones aparte, esta mezcla de rock, flamenco y poemas de Lorca me trajo a mi una metáfora que había pasado desapercibida cuando leí a Lorca en el colegio – “a veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños”.

Sí, el dinero es un enjambre furioso que todo lo devora. Tiene un público fiel y corrompido, otros son anónimos colaterales. A más de uno lo ha librado del fatídico porvenir.

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