Jueguen: vidas en juego

La industria del Juego se encuentra en pleno apogeo. Hoy más que nunca, goza de una magnífica salud financiera, con un vertiginoso ritmo de crecimiento anual tanto en su versión tradicional (en torno al 6%) como en su variante en línea (en torno al 30%). En tan sólo cinco años, el sector del Juego creció un 387%. Y los datos más recientes arrojan asombrosas cifras que nos permiten vaticinar un futuro aún más prometedor, si cabe.

En medio de esta tendencia alcista, se encuentra una preocupante realidad: según las cifras que maneja el Gobierno, el 0,4% de la población española sufre un trastorno de juego problemático. Nos topamos con otro dato alarmante: España cuenta con la tasa más alta de Europa de ludópatas de entre 14 y 21 años. No es de extrañar que el perfil ludópata medio corresponda a hombre de 36 años con trabajo, niveles elevados de impulsividad, y que se inicia en el juego antes de los 18 años. En tan solo dos años, el número de menores de 26 años en programas de rehabilitación creció un 12%.Os preguntaréis cómo hemos llegado hasta aquí.

 

Normalización de una industria estigmatizada

A menudo un negocio semiclandestino, hasta hace poco se miraba a quienes participaban en él con cierto recelo. Hoy su modelo de negocio sigue siendo a grandes rasgos el mismo de siempre. Podemos decir que el Juego es un negocio milenario, pues existen pruebas que acreditan su existencia datadas en el año dos mil trescientos antes de Cristo. Sin embargo, a lo largo de su existencia han cambiado sus formas, pero no el fondo. El nuevo escenario no responde a un cambio radical del sector, ni a unos nuevos códigos, ni a una honesta benevolencia. Lo que sí ha cambiado, gracias a la digitalización de esta industria y el auge del acceso a internet por el consumidor, es la relación de este con el Juego. Antaño el Juego incomodaba tanto a quienes con cierto pesar acudían a su reclamo como a quienes hacían de las esperanzas de los demás un lucrativo negocio.

Sin embargo, hoy las tragaperras han salido del bar de la esquina y de la periferia de las ciudades y podemos acceder a ellas del mismo modo que encargamos una pizza en Deliveroo. Se acabaron las desmoralizadoras escenas de ludopatía a la hora del café. Ahora están mezcladas en la vida normal del ciudadano, especialmente en el caso de las apuestas deportivas que cada vez más jóvenes colocan directamente desde sus teléfonos móviles y de las que hablan abiertamente. Con total naturalidad.

En cuanto a quienes dirigen estos negocios, hoy se presentan como proveedores de entretenimiento (industria noble y glamurosa) e incluso los hay quienes caminan por la vida convencidos de que abriendo el Juego a un público mainstream hacen un bien a la sociedad. Quedaron atrás los opulentos magnates de Las Vegas, los chulos y rufianes. Ahora muchos son jóvenes, se presentan como emprendedores de startups y visten vaqueros, deportivas y camiseta.

La insistente publicidad que vemos en nuestras televisiones últimamente ha contribuido a su normalización, así como la proliferación de locales consagrados al Juego. ¿Quién pensaría hace años que Carlos Sobera, referente en el mundo del entretenimiento, accedería a asociarse con una casa de apuestas como 888?

No lo voy a negar, he jugado en ocasiones. El azar me produce una culpable atracción y en ocasiones cierto placer en forma de dopamina. No es baladí, pues el azar forma parte de nuestra identidad. Todos somos en algún modo jugadores. Hacemos apuestas con los amigos y nos atraen películas como Casino. Con esperanza o miedo de convertirnos en el paria de la oficina, compramos décimos de El Gordo.

Si bien el mundo del azar es algo normal y forma parte de nuestra socialización, existe una delgada línea que separa el simple entretenimiento de la patología. De la naturalidad del Juego al abismo sólo hay un paso. Y este paso no es grande. Puede ocurrir en cuestión de meses. Por eso es preocupante ver casas de apuestas a escasos metros de algunos colegios. Tampoco sería una loca afirmación decir que la adicción a los videojuegos es la antesala de la ludopatía. Por tanto, el riesgo entre los jóvenes aumenta.

 

Acceso al crédito rápido online

La presencia de nuevas entidades financieras operando en el espacio online ha permitido a muchos ludópatas burlar los estrictos controles que a la hora de solicitar un crédito solía establecer no sólo la banca tradicional, sino también el sentido común. Entidades como Creditea han visto crecer sus números coincidiendo con la tendencia alcista del Juego. Sospecho que estas rentables entidades se benefician del estado de desesperación o adicciones de sus clientes. De ningún otro modo se entiende que una persona en su sano juicio esté dispuesta a pagar los intereses leoninos que requieren. Es cierto que pocos pagan y esto comporta un riesgo para las entidades, pero el que paga lo hace por muchos. Volveré a este tema.

Salgan a la calle y den un paseo por los barrios más humildes de su ciudad. Verán dónde han proliferado las nuevas y relucientes sucursales de casas de apuestas y salones de juego. No es coincidencia. Los empresarios saben que el miserable, el parado, el necesitado, es más proclive a confiar su fortuna al azar. Un perfil vulnerable de libro.

 

Complicidad del legislador

Como liberal que soy, me cuesta recomendar que se prohíba una actividad por el mero hecho de ser peligrosa. No obstante, si metemos el Juego en la misma categoría de sectores que comportan un riesgo para la salud mental, física o financiera de las personas, ¿por qué, al menos en cuanto a permitir su publicidad se refiere, el Juego goza de una ventaja frente al cannabis, alcohol o tabaco?

Es sencillo averiguar por qué el poder político no toma cartas en el asunto: hay mucho dinero en juego, valga la redundancia. Y no sólo para los magnates de la industria.

Por un lado, están los medios de comunicación (principalmente televisión y radio, pero también algunos actores en Internet como el todopoderoso Facebook). Acostumbrados ya a la regulación que se introdujo con la Ley 13/2011 y que incentivaba la publicidad del Juego, se oponen férreamente a cualquier legislación que la limite. No es de extrañar, pues los medios de comunicación abiertos al público dependen enormemente de los ingresos en publicidad. Las casas de apuestas y casinos online pagan bien. Sólo hace falta detenerse a observar quién se anuncia en el prime time cuando se juega un partido importante de fútbol.

Ya que lo hemos mencionado, hablemos del fútbol. El fútbol, en España, manda. Como era lógico, hasta hace poco los clubes de fútbol aspiraban a asociarse con marcas de refrescos deportivos, enseñas deportivas o empresas de orgullo local. Hoy sin embargo se asocian con marcas como Codere, Bwin o Betfred, que invitan a uno a quedarse sentado en el sofá mientras dilapida sus ahorros, su nómina o el dinero que todavía no tiene. ¿Qué tiene esta actividad que ver con el deporte?

Por su parte, el Gobierno sigue permitiendo abusos porque, siendo pragmáticos, no le interesa hacer nada al respecto. Cada transacción derivada del Juego (en contratación de publicidad, en financiación o en gasto directo en casas de apuestas y casinos) genera ingresos para las arcas públicas. Estamos hablando de sumas estratosféricas en recaudación impositiva. Así, resulta francamente difícil mojarse y ser coherente con una ideología cuando hay tanto dinero sobre la mesa, algo que hemos podido observar esta semana. Conviene recordar que las competencias relativas al Juego pertenecen principalmente al poder Ejecutivo y en ciertos aspectos a las Comunidades Autónomas.

Me produce risa ver al señor Garzón, nuestro Ministro de Consumo, alardeando de unas medidas que denotan su profundo desconocimiento del problema y su falta de coraje. La semana pasada propuso una medida (limitar la promoción de “bonos gratuitos”) que en Reino Unido fue adoptada hace años y que no ha conseguido paliar el problema. Además, el ministro proponía limitarlos “hasta cien euros”, ¿pero bajo qué pretexto? ¿a qué responde ese cálculo? ¿cien en vez de mil euros supone una diferencia? Los ingleses, de hecho, fueron mucho más severos cuando legislaron al respecto. Por ejemplo, prohibieron que la publicidad pudiese ser atractiva de cualquier modo a los menores de edad. Pero la deprimente cifra de estos que sufren ludopatía en el país anglosajón no ha dejado de incrementarse. En los últimos dos años se ha cuadriplicado, hasta llegar a los 55.000 adictos menores de 16 años, según el Organismo Regulador del Juego en Reino Unido (en inglés, The Gambling Commission).

Esta mañana me despertaba con una noticia todavía más engañosa: “Garzón regula y mejora por primera vez la publicidad en el juego”. Si indagamos, no tardamos en percatarnos de que se trata de un brindis al sol. Aparte de las consideraciones sobre si el método del “decretazo” es el mejor modo de legislar un asunto de este calibre, podemos apreciar que el nuevo decreto no es sólo que se quede corto como dicen algunos periódicos. La realidad es que está perfectamente redactado para saltárselo a la torera. Está hecho a medida de los clubes de fútbol y televisiones, además de prestar poca atención al espacio online, que es donde pasan más tiempo los chavales. Sus efectos en la práctica son ínfimos. Carlos Sobera no podrá prestar su cansina imagen, ni los clubes de fútbol podrán llevar el nombre de un casino. Ya no podremos decir “el Real Madrid Codere” (algo que nadie dice), pero sí podrán seguir llevando la marca Codere en la camiseta. Y, lo más irrisorio, las cosas seguirán siendo igual que siempre, pues a partir de las ocho de la tarde el fútbol seguirá gobernado por las casas de apuestas. En fin, papel mojado.

Estamos ante el gatopardismo en estado puro, algo que ha acompañado a la casta política en muchos momentos de la Historia. Recordemos las palabras de Tancredi en la película El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.” La banca siempre gana.

 

Tomemos cartas en el asunto

Como puede observarse, las partes interesadas en el asunto son muchas. En el panorama político, poco podemos confiar de ninguno de los partidos. Sin embargo, nos quedan otros dos caminos.

Por un lado, el de la prevención y presión por parte de asociaciones de profesionales dedicadas al tratamiento y prevención de la ludopatía. Estas son las que mejor conocen el problema y sus soluciones y están formadas por profesionales de diversas especialidades médicas y sociales. Por cierto, fíjense en el lavado de cara iniciado por la industria del Juego, que ha creado sus propias asociaciones para que las personas “jueguen con cabeza”.

Por otro lado, cabe la posibilidad de acudir a los tribunales, que todavía no están del todo vendidos al poder político. Desde un punto de vista jurídico, hay una medida muy fácil de tomar. Tanto el ludópata como el menor (sufra un trastorno de ludopatía o no) están en un estado de absoluta desventaja y son fáciles de persuadir. Los contratos de préstamo para fines de azar deberían ser nulos de pleno Derecho dado que no existe un equilibrio entre las partes. Tampoco sería un contrato válido la suscripción a un casino online por parte de un menor, aunque se haya hecho utilizando la identidad de un adulto.

Estos dos casos son de primero de Derecho Civil. Alegan los responsables de compañías como Creditea que el medio online no permite identificar, de momento, la patología de un ludópata contratante. Los casinos online dicen que la edad real de sus usuarios online no es fiable al 100%. Pues bien, en el caso del acceso al crédito rápido, por el momento sí se puede demostrar sin problema a qué se ha destinado ese dinero, y en qué lapso de tiempo. Ahora bien, en ambos casos esto no me tranquiliza, pues quizás lo que hay que cuestionarse es si tanto entidades financieras como casinos online pueden seguirse beneficiando de esa “ceguera” que produce el medio online. Pero este es otro debate.

Gracias por su tiempo.

Una respuesta a “Jueguen: vidas en juego”

  1. Gladys Sobrin dice:

    Muy buen analisis Jorge. Es un problema grave para nuestros jovenes y estan indefensos frente a esta agresion y abuso. Como siempre, solo queda el apoyo familiar para prevenir y combatir. Otra mas, ademas de tabaco, alcohol, drogas y adiccion digital. Dificiles tiempos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

más leídas

La deshumanización gentilicia

Mediocre es la obra que el acto fúnebre conmemora. Sobre el ataúd camina un fantasma sin decir nada. Delante del gentío vestido de luto sube…

El renacer de García-Álix

Siempre he admirado a Alberto García-Alix (León, 1956). Como fotógrafo comenzó sus andaduras durante su juventud en los años de la Movida Madrileña y desde entonces…

Dinero y flamenco

El dinero. Ese sucio invento capaz de comprarlo todo. Burdel de desgracias, mercadillo de desdichas, elixir de las malas gentes. Ha sido en ocasiones objeto…

Guadalajara

"Guadalajara, Guadalajara; tienes el alma de provinciana; hueles a limpio, a rosa temprana; Guadalajara, Guadalajara; tienes el alma más mexicana". Ya nos lo advertía El…

MÁS ARTÍCULOS