El renacer de García-Álix

Alberto García-Alix, fotógrafo español desde los años de la Movida Madrileña, nacido en 1956 y uno de los nombres más importantes de la fotografía contemporánea, expuso en Madrid en el Museo Reina Sofía su obra “De donde no se vuelve”. Ella se retrata no sólo La Movida, sino también otros grupos marginales desde los años ochenta. A lo largo de su obra podemos encontrar retratos en blanco y negro de fotografías tomadas en Madrid, París y Pekín.

Es necesario antes de nada describir brevemente la situación en la que se encontraba García Alix desde su adolescencia en Madrid, y qué consecuencias, tanto físicas como psicológicas y sociales, tenía esta “mala vida”.

García Alix vivía en Madrid durante los años de La Movida Madrileña, años ochenta, década que albergó grupos marginales heterogéneos, cuyas “filosofías” de la vida eran diferentes; pero todos ellos unidos por la música rock y la drogadicción.

La mala vida en estos grupos era clara: drogas, sexo, violencia, la vida nocturna… Las drogas, o la lucha por las drogas, estaba a la orden del día; enfrentamientos con la policía, peleas, sobredosis… Y era difícil, no sólo para García Alix, salir de este panorama. Alberto no sólo tuvo que hacer frente a la adicción a las drogas, las peleas y todo lo demás citado; Alberto tuvo que superar, además, la temprana muerte de su hermano Willy a causa de una sobredosis. Este es retratado en múltiples ocasiones por Alberto, quien, después de superar la desgracia, sigue dando rienda suelta a su nostalgia y retrata también con su cámara algunos símbolos que añora y que en algún momento ya pasado pertenecían a su hermano; por ejemplo, en varias ocasiones podemos observar a la novia de Alberto con su camisa estilo rock o simplemente, fotografías en blanco y negro de la camisa o algún otro recuerdo de su hermano. Alberto estaba también interesado en las motos de gran cilindrada, como las Harley Davidson, que conducía después de haber ingerido grandes cantidades de alcohol, y que son mostradas en múltiples fotografías.

Por otra parte, el mismo Alberto tuvo que hacer frente a su adicción a la heroína y también a la hepatitis C, que fueron durante mucho tiempo sus principales enemigas. Sin embargo, a pesar de todas las desgracias del camino que él había escogido equivocadamente, hizo de la fotografía uno nuevo gracias al cual consiguió salir, como él suele decir, “de donde no se vuelve” y dar a conocer al mundo su pasado, que al mismo tiempo constituía el pasado de muchas otras personas semejantes a él. Se puede decir que la fotografía fue un modo de llegar al conocimiento y a la comunicación, pues él había estado siempre aislado de la sociedad, siempre al margen.

 

Podemos resumir su mala vida en las siguientes consecuencias negativas:

Respecto a las consecuencias físicas, nos encontramos primero ante una adicción a la heroína y la hepatitis C; inevitables en el ambiente en que vivía. Incluso podría citar las secuelas que tuvieron las numerosas peleas en las que participaba, pues en varias ocasiones podemos observar en las fotografías la apariencia de Alberto o sus amigos tras una pelea, y las armas que eran utilizadas en estas.

En cuanto a las consecuencias psicológicas, no cabe duda de que las drogas y la mala vida en general, además de la muerte de su hermano, dejaron una profunda huella en su cerebro. Aunque, eso sí, Alberto siempre supo reflejar todo esto en sus fotografías, y gracias a estas tenía un espejo personal gracias al cual se daba cuenta de su desgraciada vida.

También podríamos hablar de una consecuencia social; ya que García Alix se encontraba al margen, en una sociedad que le daba la espalda. Además, se podría hablar de un estado de mayor soledad provocado por las drogas y la temprana muerte de Willy, que le marcó para siempre.

 

Pero, una vez analizado este agujero negro, nos podríamos hacer las siguientes preguntas: ¿Qué tiene de provechosa esta penosa vida?, ¿Cómo esas fotografías le han ayudado a salir de esta y de qué han servido a la sociedad actual?

Es sencillo. Si García Alix no hubiese vivido esta larga experiencia que le dejó tantas huellas, no habría podido salir adelante con la fotografía, pues lo más impactante de sus fotografías es lo que representa, y no la técnica de sus fotografías, que es buena. Si Alberto no hubiese vivido en este agujero negro, tampoco habría podido mostrar al resto de la sociedad lo que él vivió, que es lo que tiene verdadera importancia dentro de toda su obra. Sus fotografías son el reflejo más claro de esta vida marginal, de este lugar “de donde no se vuelve”.

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