Sayulita

En Sayulita no encontramos los Botaneros que nos había prometido El Pitufo. Él vivía en Tepic, capital de Nayarit, donde las cantinas ofrecen abundante cerveza y comida a 200 pesos la comanda. Pero en Sayulita mandaba el turismo mochilero. Al pueblo le daba cierto carácter el curioso ambiente que crea la mezcolanza de viajeros de todas partes.

Los hostales no daban abasto. Sayulita es un pequeño pueblo costero que en verano multiplica su población por seis y cuyas infraestructuras no están preparadas para recibir a tanta gente. Todas las noches las tormentas eléctricas estivales forman impetuosas riadas que arrastran la basura hasta la playa. No es de extrañar que esté contaminada. Algunos mochileros dedican la mañana a limpiarla a cambio de hospedaje en un hostal con el sello de “agente del cambio”. Son sobretodo mochileros de esa característica tribu de hedonistas que dan la vuelta al mundo y que, por no apremiarles el tiempo ni los plazos, pueden dedicar parte de su jornada a mejorar la vida en Sayulita.

Por la noche el bacalao se parte en el Don Pato’s, un bar con una onda magnífica, donde diariamente grupos de la zona deleitan al público con su reggae o rock progresivo, indistintamente. ¡Soy de Jerés compadre! Me gritaba un melenudo mientras me mostraba su carné de identidad. ¡De Sacatecas güey, soy de Jeres en Zacatecas! Para el que no lo sepa, existe otro Jerez fuera de la Frontera – otra fragua, otros ereles, otro nicho fuera de lo común. Probablemente no tenga la solera que tiene la cuna de la bulería, pero arte no le faltaba al compañero de Zacatecas.

Horas antes, en el campo de béisbol y bajo una lluvia torrencial, habíamos conocido a El Dragón Mondragón. Su padre había sido un renombrado profesional de cesta punta (jai alai) en Estados Unidos, por lo que había vivido parte de su niñez entre Miami y Las Vegas. El resto de la historia ya nos la conocemos, pues es comúnmente sabido que la aventura del jai alai por las Américas llegó a su fin poco tiempo después de que la Mafia decidiese asomar la nariz en este deporte. El jai alai, merecedor del distintivo de ‘deporte más rápido del mundo’, no tuvo una dilatada trayectoria en el país vecino. Es un juego perfectamente apto para las apuestas. Lo sé porque gracias a mi trabajo he tenido la oportunidad de conocer la industria del azar desde dentro. Se trata de un formato que permite colocar numerosas apuestas diversas en un pequeño intervalo de tiempo. Esto es esencial ya que implica una mayor recurrencia de desembolsos por parte de los apostadores y genera un alto grado de sorpresa y expectación. Además, explota al máximo el factor inmediatez, que es decisivo en el mundo del juego.

Volviendo a lo anecdótico, el Dragón Mondragón también había tenido una efímera carrera deportiva llena de frustraciones, en este caso en el ámbito del béisbol. Solía pasar la tarde bebiendo cerveza con sus dos esbirros en el polideportivo municipal, y ninguno de los tres aparentaba tener ocupación alguna.

Nuestra estancia en Sayulita fue breve pero intensa. Conocimos a unas mozas autóctonas que nos trataron realmente bien, invitándonos a su casa y mostrándonos las playas de surf más recónditas de la zona.

La siguiente parada sería Guadalajara.

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